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Un Zoo en la boca

Un Zoo en la boca

La escena puede confundirse con una moderna obra de arte. En primer plano destaca una especie de bosque de globos cilíndricos y flexibles. Detrás, un conjunto de esferas apretujadas se extiende hasta el horizonte. En el cielo aparecen estructuras de forma compleja, edificios, mazorcas de maíz, cepillos para botellas, rosetones y empalizadas.

No es un paisaje fantástico. Son imágenes tomadas de la vida real, incluso mundanas, y sumamente familiares. Estos son los microbios que viven en la boca -los expertos han encontrado entre 200 y 500 bacterias distintas- vistos con un microscopio electrónico. Y lo cierto es que no gozan de buena fama. Durante décadas, los investigadores han librado una guerra a muerte contra estos diminutos intrusos. Los fabricantes de dentífricos y de enjuagues bucales han visto en ellos villanos de tebeo. Los Malvados Hombres-Placa, tal como se les llama en un anuncio de televisión.

No obstante, y a pesar de que muchos de los microorganismos que habitan en la boca pueden resultar perjudiciales, existen muchas otras bacterias que impiden la entrada de otros microorganismos más perjudiciales. Un ejemplo ilustrativo está en las consecuencias de aniquilar la flora bucal con grandes dosis de antibióticos. Los científicos han descubierto que esta medida provoca la aparición de aftas, una infección por hongos que se ha relacionado con el desarrollo de ciertos tipos de cáncer de boca.

Nuestra boca es una jungla en la que habitan centenares de especies de hongos, protozoarios, virus, parásitos intracelulares y, sobre todo, bacterias. La mayoría son residentes permanentes, y muchos de ellos no viven en ninguna otra parte, ni siquiera en la boca de otros mamíferos. «Estamos ante un ecosistema bastante complejo», insiste George Bowden, microbiólogo de la Universidad de Manitoba.

Quizá esto no deba sorprendernos. A la agradable temperatura de 36ºC, con una humedad constante y una fuente permanente de nutrientes, la boca es una especie de paraíso tropical para los microorganismos. Añádase la incesante llegada de vuelos del exterior -dedos, alimentos, lápices, cualquier cosa-, repletos de pasajeros microscópicos y tenemos todo un martes de carnaval.

Estos inquilinos ocupan cada centímetro cuadrado del interior de los carrillos, cada pliegue de las encías y cada cavidad de la lengua.
Incluso en una dentadura recién cepillada pululan millones de bacterias.

Según los cálculos, entre 200 y 500 especies de bacterias, de las que se han clasificado unas 50, forman la comunidad de habitantes de la boca. Algunas son bacterias simples, con forma de esferas, bastones o filamentos, que se instalan en un lugar fijo y sólo se desplazan por la boca mediante la reproducción. Pero hay otras que emplean dichos filamentos a modo de hélices para ir de un lado a otro.

Unas 50 veces más grande que las bacterias normales, Trichomonas tenax puede considerarse el gran tiburón blanco de los protozoarios, ya que emplea su flagelo para deslizarse por la saliva; y Entamoeba gingivalis es el tigre de la jungla bucal, una ameba depredadora que acecha en la superficie de los dientes y en las encías, en busca de partículas de alimentos o de bacterias indefensas.

«Es un panorama fascinante, particularmente las muestras tomadas de debajo de las encías», dice Sigmund Socransky, especialista del Centro Dental Forsyth de Boston. «Es literalmente un hervidero, una masa que no deja de moverse», insiste este experto.

Pese al gran número de especies, en los últimos años casi todo el interés de los investigadores se ha centrado en una, Streptococcus mutans. Esta bacteria inclasificable, en forma de esfera, que sólo se encuentra en la dentadura humana, se conoce desde el año 1920. En 1956 se descubrió que era responsable de la caries, ya que se alimentaba de azúcares y segregaba ácido láctico. Desde entonces, los investigadores han trabajado arduamente en un intento de desarrollar un agente antimicrobiano o una vacuna que pudiera destruirla definitivamente.

«Los suecos, en particular, la emprendieron contra la bacteria empleando de todo, excepto armas nucleares», afirma Page Caufield, microbiólogo de la Universidad de Alabama en Birmingham. «Fueron ellos quienes acuñaron la frase de que una dentadura limpia nunca sufre de caries».

La placa: La placa de la dentadura humana, especie de película de bacterias, se desarrolla de la siguiente forma. Ocho horas después del cepillado, comienzan a pulular por los dientes bacterias en forma de esfera, Streptococcus mitis y Streptococcus oralis, junto con unos cuantos microorganismos en forma de bastón, como Actinomyces naeslundii.

Al cabo de un día, los dientes están cubiertos por una capa de estos precoces colonizadores y comienzan a aparecer las primeras especies en forma de filamento, como Fusobacterium nucleatum, relacionadas con el mal aliento ya que segregan azufre.

Durante los siguientes días, se desarrollan estructuras complejas, compuestas de distintas especies de bacterias. Por ejemplo, las pequeñas mazorcas de maíz son de hecho centenares de Streptococcus sanguis que se apretujan a lo largo de los cuerpos alargados de Corynebacterium matruchotti. Cuando ya se ha olvidado del todo la higiene bucal, otras especies más selectas, como Treponema denticola, microorganismos del género Spirochaeta, en forma de espiral, se unen a la fiesta. A medida que se desarrolla la flora bucal, algunos factores, como el ph, cambian, lo que facilita el predominio de ciertos microorganismos, hasta que con un nuevo cambio otros toman el relevo.

Al cabo de tres semanas, este caleidoscopio de actividad da lugar a la tranquilidad de la fase culminante; es decir, la jungla se ha convertido en un bosque antiguo.

El nivel inferior es la maleza que ahora forman 20 capas de microorganismos, con un espesor de 15 micrómetros; los árboles más altos de este bosque vienen a ser un hervidero de bacterias y otros microbios, cuyo espesor puede llegar a la décima parte de un milímetro, visible al ojo humano.

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